miércoles, 18 de agosto de 2010

Más mitos y leyendas

• NO es cierto que la ISO 9001 nos haga hacer documentos que no son del ámbito educativo (por ejemplo la política de calidad). La ISO 9000:2005 (Sistema de Gestión de la Calidad. Fundamentos y vocabulario) nos explica que la política de calidad se refiere a “las intenciones globales y orientación de una organización relativas a la calidad tal como se expresan formalmente por la alta dirección”. Aquí nos tendríamos que preguntar: ¿nuestra organización, nuestra escuela, tiene ya algún documento en el cual se hable de las intenciones globales y orientación del centro? Algunos decimos… sí, claro, el Proyecto educativo de Centro… el ideario… o como se quiera llamarle según el país, la reglamentación o ideología. Pues ya lo tenemos. En todo caso podríamos cerciorarnos que los puntos que nos pide la ISO 9001 en relación a la política de calidad estén incluidos en el Proyecto Educativo. Los 5 puntos se refieren a que la política


o (a) sea adecuada al propósito de la organización (es evidente que el ideario o proyecto educativo debe ser adecuado a lo que pretendemos en nuestro centro. Debe ser un fiel reflejo de que orientación tiene nuestro centro y cuáles son las intenciones globales en los aspectos educativos que pretende. Pensar de otra forma sería pensar que los centros no tienen un norte claro a seguir, que no tienen un marco de referencia en lo fundamental hacia donde orientarse…),

o (b) incluye un compromiso de cumplir con los requisitos y de mejorar continuamente la eficacia del sistema de gestión (¿podemos llegar a pensar que un centro educativo no se va a comprometer en cumplir los aspectos claves del mismo? ¿podemos llegar a pensar que una escuela que se haya comprometido con tal o cual religión no cumpla con ese precepto en el día a día del aula? Y en cuanto a mejorar continuamente la eficacia, para que si no sirven las evaluaciones de centro, las memorias finales, etc…?) …/…

o (c) es comunicada y entendida dentro la organización (¿podemos llegar a pensar que un profesor/a pueda impartir docencia en un centro sin conocer su proyecto educativo y, por tanto, ir en orientación contraria a su ideario?).



En cualquier supuesto, y malpensando que en alguna de estas cuestiones la respuesta haya sido sí, lo que hay que hacer es mejorar nuestro Proyecto Educativo, revisarlo para su continua adecuación (punto e del apartado 5.3. de la ISO 9001) o trabajarlo para que sea un documento que nos oriente y nos sirva de referencia en nuestra actuación diaria en el aula. Si, por la razón que sea, nuestro proyecto educativo ha quedado desfasado o no es un fiel reflejo de las intenciones del centro y se ha transformado en un documento no útil (no me atrevo a poner la palabra inútil), ¿nos servirá de algo elaborar otro documento que se llame “política de calidad” para enmarcarlo y ponerlo en la entrada del centro a la vista de todo el mundo y que casi nadie sepa cuál es el compromiso a que nos obligamos en ese documento…? Creo que la respuesta es obvia.



• SI es cierto que para hacer una buena aplicación de cualquier sistema de gestión, incluida la ISO 9001, debemos conocer sus fundamentos. La ISO 9000:2005 en su capítulo 0.2. nos introduce a lo que se conoce como principios de gestión de la calidad ya explicados en el capítulo XXX de este libro. Para que un sistema de gestión de un centro sea eficaz y eficiente es evidente que debe cumplir y ser consciente que cumple cualquier de estos 8 principios. ¿Nos podemos imaginar un centro que no esté orientado hacia el alumnado o hacia el cometido que la sociedad le ha encomendado? ¿podemos imaginar un centro en el que no haya un liderazgo eficaz (en cualquiera de las posibilidades que la palabra liderazgo implica: equipo directivo, director, gerencia, etc, etc)? ¿podemos imaginar un centro en el cual no haya participación del personal para conseguir los objetivos del centro? ¿nos podemos imaginar un centro que no esté basado, fundamentado y giré alrededor de los procesos de aprendizaje? ¿o un centro en que los procesos de aprendizaje de los distintos niveles no estén interrelacionados formando un verdadero sistema orientado al logro de las finalidades educativas? ¿podemos imaginarnos un centro que utilice los mismos preceptos, los mismos materiales, los mismos procesos que hace 20 años y que en esos 20 años no haya sido capaz de mejorar la eficacia y eficiencia de sus procesos y de su sistema de gestión? ¿Qué centro sería tan inconsciente que no basará sus decisiones en los hechos, en los datos, en los resultados de su gestión y se dejara llevar solo por su olfato, por su intuición? ¿a qué centro no le gustaría tener unas buenas relaciones mutuamente beneficiosas con sus proveedores para ayudarse a mejorar tanto las relaciones como los productos y/o servicios que son motivo de esa relación? Estas 8 preguntas que corresponden a los 8 principios de la calidad son de fácil respuesta. Estoy convencido de las respuestas que habréis dado, sin lugar a dudas, solo me gustaría hacer una pequeña observación. ¿Las tenemos en cuenta siempre a la hora de decidir y tomar decisiones?



• NO es cierto que todos los consultores y auditores tengamos siempre la razón. Como en todas las profesiones, “haberlas, hay las” y en esta nuestra apasionante profesión pues hay de todo. Hay consultorías que implantan sistemas de gestión de la calidad en centros educativos pensando en que no deja de ser como cualquier otra empresa con la diferencia que el producto resultante son los conocimientos que el alumnado adquiere, que no tienen un equipo de pedagogos o expertos en educación entre sus consultores, o que basan su conocimiento del sector educativo en el conocimiento que tienen de la escuela como alumnado de hace 20 o 30 años (como si yo por mirar la TV tuviera que entender cómo funciona, como se interpreta, como se producen los programas, entender que es eso de la TDT y conocer sus principios y fundamentos… faltaría más!!!) o por haber dado algún curso magistral (en el mejor de los casos) alguna vez en algún lugar de la Mancha… Incluso hay auditores (los menos) que aplican sus criterios particulares (y no de manera estricta los criterios generales y adaptables de la ISO 9001 para hacer) y nos dejan estupefactos cuando afirman sin ningún tipo de rubor que “el producto suministrado por el cliente (padres) para su transformación evidentemente es el propio alumnado” (discusión verídica que tuve con un equipo de auditores de cuyo nombre no quiero acordarme…). Claro, a veces el desconocimiento de la esencia de la propia ISO 9001 o el desconocimiento de los fundamentos de los procesos de un centro educativo, de su realidad, de su peculiar idiosincrasia junto con la imprudencia que te da la ignorancia hace que algunos consultores y auditores metamos la gamba hasta límites inimaginables y montemos sistemas de gestión basados textualmente en la ISO o redactemos no conformidades que poco tienen que ver con el espíritu de un sistema de gestión de la calidad eficaz, eficiente, basado en la ciencia pedagógica, basado en la práctica educativa, basado en la psicología evolutiva, en el aprendizaje significativo. Haberlos, haylos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario